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19 abril 2024

Conoce la historia de David Vetter, el niño que vivió y murió en una burbuja

Conoce la historia de David Vetter, niño que vivió y murió en una burbuja
David  Vetter nació con inmunodeficiencia combinada severa una enfermedad extremadamente rara que lo dejo completamente vulnerable a todo tipo de infecciones, incluso aquellas que se consideran practicamente inofensivas podrían ser letales para David.

En sus primeros años de vida vivió principalmente en el Texas Children’s Hospital en Texas. A medida que crecía, vivía cada vez más en casa con sus padres y su hermana mayor Katherine en el mismo estado de Texas.

Se esterilizaban agua, comida, pañales y ropa antes de entrar a la burbuja. Desde que fue colocado ahí, solo fue tocado por guantes plásticos especiales. La burbuja se mantenía inflada por compresores de aire que eran tan ruidosos que la comunicación con David era difícil.

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Sus padres y su equipo médico, trataron de darle una vida lo más normal posible, incluida una educación formal, un televisor y una sala de juegos dentro de la cámara esterilizada.

Cuando tenía 4 años, descubrió que podía hacer agujeros en la burbuja usando una jeringa que se había quedado por error dentro de la cámara. En ese momento, el equipo de tratamiento le explicó qué eran los gérmenes y cómo afectaban su condición.

En 1977, gente de la NASA aprovechó su experiencia en la fabricación de trajes para hacer uno especial que permitiría a David salir y caminar por el mundo exterior. El traje estaba conectado a su burbuja a través de un tubo de tela de 2,5m. No había riesgo de contaminación.

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Se gastaron aproximadamente 1,3 millones de dólares en el cuidado de David, pero el estudio científico no logró producir una cura y no se identificó ningún donante compatible. Más tarde, David Vetter recibió un trasplante de médula ósea de su hermana Katherine.

Su cuerpo aceptó el trasplante, pero a los pocos meses enfermó. Murió el 22 de febrero de 1984 de linfoma de Burkitt a los 12 años. La autopsia reveló que la médula ósea de Katherine contenía rastros de un virus latente que era indetectable en el examen previo a la operación.

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